¿CÓMO EMPEZÓ TODO?

¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? ¿A cuántas cenas de negocios, eventos, juntas o lo que sea, asistimos con tal de alargar las horas en el “trabajo” y no tener que llegar a casa?

Somos muy buenos evadiendo las responsabilidades hogareñas. Es muy fácil permanecer escondido en la oficina. Es el lugar más seguro para no compartir las responsabilidades del hogar y la familia.

Estar en la oficina nos hace sentir valiosos, útiles, necesitados, reconocidos, competentes. En fin, ahí somos los jefes ¿y en la casa quiénes somos? Los maridos que sacan la basura, los que “estorban”, los que no saben en donde se guardan las tazas. ¿Suena familiar?


Al principio piensas que eso te traerá más éxito, y sin embargo al final te sientes más vacío y solo. Tu trabajo ha llegado a ser tan importante en tu vida que no te imaginas vivir sin él. Es más, sin ese gran puesto de Director General, Vicepresidente o COO ¿Quién eres? ¿José, Juan, Patricia, Lucía?


Cuando llegas por la noche a casa estás agotado, sin ganas de nada, sin ganas de platicar. ¿Qué pasó con tus sueños? ¿Qué pasó con tus valores? ¿Qué pasa cuando te despiden o te retiras?

Aún estás a tiempo de encontrar tu camino a casa.

EL MEJOR NIÑO DEL MUNDO

Rara vez recuerdo haber visto a mi Papá. Siempre estaba trabajando porque había que traer dinero a la casa para pagar la hipoteca, el “súper”, las colegiaturas, la ropa, las vacaciones; en fin, él era quien proveía para que no faltara nada.


Todos los sacrificios eran necesarios para que la familia tuviera todo. Pobre Papá, siempre estaba trabajando, día y noche: los fines de semana cancelaba los compromisos familiares porque tenía que trabajar. Siempre ocupado, siempre al teléfono.


Él hacía todo eso para que estuviéramos felices y no nos faltara nada… pero lo único que nos faltaba era él. ¡Cuántas veces hubiera preferido no recibir el regalo, la bicicleta, el suéter, o lo que fuera con tal de haberlo tenido a él! Y haber compartido ese momento.


SIN TRABAJO LA VIDA NO TENÍA SENTIDO
Como niños vamos aprendiendo a través de lo que observamos, y rápidamente aprendemos que estar ocupados o tener mucho trabajo, es bueno, es más: es excelente. No tener qué hacer, ver la televisión, no tener un proyecto, no parecer ocupado, ¡qué horror!

Después nos enseñaron que “disfrutáramos” la escuela, ya que cuando creciéramos, trabajáramos y tuviéramos hijos, veríamos lo que es bueno; lo duro y difícil que fue para nuestros padres lograrlo. Así la tradición continúa.


Cuando nos damos cuenta, ya crecimos, ya trabajamos, ya nos vamos a casar, ya vamos a ser padres y ¿ahora? Empezamos nuestro propio ciclo y debemos decidir: ¿qué va primero, el trabajo o la familia?

Trabajamos como “burros”, nos “matamos” a diario, llegamos a nuestros hogares y no queremos llegar, no queremos estar con nuestra familia. Entonces, ¿vale la pena habernos “partido” el lomo? Algo no tiene sentido: no somos felices en el trabajo, no somos
felices en la casa. ¿Entonces?

Empezamos a definir nuestras referencias en función a la gente que nos rodea y a sus opiniones: si somos exitosos o ricos, si tenemos un esposo o esposa guapa, qué coche manejamos o a dónde viajamos. Cuando nos damos cuenta, estamos haciendo lo mismo que nuestros padres hacían y habíamos jurado no hacer.

CUANDO PENSAMOS QUE LLEGAR AL FINAL FELIZ LO ES TODO


Pensamos y soñamos en blanco o negro. Negociamos en absolutos: todo o nada, positivo o negativo. No existe un punto intermedio. Culpable o inocente. Sin embargo el mundo tiene color y las cosas no se mantienen constantes o permanentes, las cosas siempre cambian. Debemos empezar a pensar en grises y no en negro o blanco, en puntos intermedios, no todo o nada. ¿Por qué siempre y todo en los extremos? ¿Por qué todo es vida o muerte?

Estamos obsesionados con estar ocupados en todo momento, si no es en una reunión, es el mail, el teléfono, el celular, la BlackBerry (sí, ya sé, ¡esta referencia muestra mi edad!), Facebook, Twitter, etc. Esta obsesión es una adicción que nos absorbe y aísla, no sólo de la gente que nos importa, sino también de nosotros mismos. No tenemos tiempo ni humor para nada que no sea estar ocupados.

Así seguimos, hasta que perdemos el trabajo, nos enfermamos o nos jubilamos. ¿Y ahora qué hago? Lo único que sé hacer es estar ocupado. ¿Qué hago con tanto tiempo disponible? ¿Qué hago para compartir con mi familia y amigos si nunca estuve disponible?
¿Qué hago para estar solo ya que todos están ocupados? ¿Qué hago ahora que soy invisible?

¿Y AHORA?


Aun cuando hayas decidido balancear tu vida no podrás lograrlo hasta que no entiendas qué es lo que has hecho para estar en donde estás. Tienes que prestar más atención a lo que haces y porqué lo haces. Por ejemplo:
• llegas a casa y lo primero que haces es prender la computadora o el iPad
• mandas mails nocturnos o en la madrugada a tus subalternos
• nunca apagas el celular
• no te despegas de la pantalla de tu Blackberry
• realizas las últimas llamadas del día durante la cena.

SI NO LO HACES TÚ, NADIE LO HARÁ TAN BIEN
En tu oficina conocen el teléfono de tu casa, para que te llamen en caso de que algo suceda. Siempre te llevas los pendientes del día para terminarlos durante la noche y tenerlos estén listos a primera hora del día de mañana. Cancelas frecuentemente eventos familiares porque te salió algo de último minuto.

Estás agotado, tanto física como mental y emocionalmente; pero no puedes parar porque estás muy ocupado:
• En la oficina, eres el primero en llegar y el último en retirarte
• En las reuniones, tienes que tomar cada llamada o con testar cada mensaje porque “es muy importante”
• En cuanto aterrizas, lo primero que haces es comunicarte a la oficina, para ver si no se ofreció nada
• Si se trata de atender tu salud, no acudes a tus citas médicas porque estás muy ocupado

Aunque no tengas nada que hacer pretendes estar muy ocupado y preocupado.

SIEMPRE ESTÁS PREOCUPADO Y ANGUSTIADO… PORQUE ERES UNA PERSONA IMPORTANTE
Así es como empezamos a ser “personas sumamente ocupadas”…y así es como alimentamos nuestros miedos e inseguridades. Si no estamos ocupados siempre o todo el tiempo, tememos perder el trabajo o que la gente vea que no somos tan importantes como pensamos que somos.


¿QUÉ PRECIO ESTAMOS PAGANDO POR HACER TODO ESTO?
Otro absurdo en el cual que vivimos es que a las mujeres se les reconoce por ser grandes madres, pero, ¿y a los padres? Un buen padre es aquel que provee, no el que está en su casa; ese es un perdedor, un fracasado.

¿CUÁNDO NOS HICIMOS INVISIBLES?


Es un concurso permanente ver quién “tiene mejor” a su familia. Si les preguntas a los hijos, normalmente prefieren que los papas estén ocupados y que los dejen con su vida.


¿QUÉ TE LLENA AHORA?
De repente las cosas cambian: tus hijos nunca están en la casa, tu esposa tiene una vida social muy activa y ahora tú te sientes solo, nadie te hace caso porque todos están muy ocupados para ti.

Te empiezas a angustiar y a preocupar. Te sientes cansado, “apachurrado”, solo y aburrido. Tanto trabajo y esfuerzo para que cuando llegues a casa no haya nadie.

Empiezas a “echarte un drink” o vas al gimnasio, al cine o lo que se te ocurra. Todo para disimular o evadir el auto-exilio que ahora vives. Antes el trabajo “te llenaba” y ahora ya no. Tal vez sientes:
• frialdad y distanciamiento
• depresión
• insomnio
• soledad y falta de amigos
• enojo y agresividad

No tienes hambre o siempre tienes hambre, bebes con mayor frecuencia, de todo discutes; buscas una amiguita, porque en casa el sexo con tu esposa es nulo o poco y malo.

Te sientes indefenso, ¿qué pasó? ¿Por qué eres invisible? ¿Por qué no le haces falta a nadie? ¿Por qué te sientes como un extraño? Si literalmente nunca estuviste presente: física, psicológica o emocionalmente para llenar esos vacíos, ¿por qué ahora sí?

Educar a tus hijos requiere que aprendas a escuchar y ser paciente, ¿tú lo fuiste? ¿Cuántas veces te dijo tu esposa que se sentía sola, que te necesitaba, que le hicieras caso? Racional e intelectualmente la entendías y razonabas con ella, pero, ¿cuándo la abrazaste? ¿Cuándo la hiciste sentir que era más importante que esa llamada?

La ficción está en la oficina, la realidad está en tu casa. Normalmente preferimos la ficción: es más segura. Todo el tiempo lo pasamos con adultos, no con chamacos molestos a quienes hay que educar. Mientras más inmersos estamos en nuestros trabajos, menos tenemos que invertir en nuestra familia, amigos y esposa. No hay tiempo.

Señálame a una persona sin amigos, a un lobo solitario y te mostraré a una persona “invisible”. Lo que el mundo espera de mí en el trabajo es racional, medible y lógico; lo que espera mi familia de mí es absurdo, poco razonable, vago y poco claro. Quieren que esté con ellos, ¿para qué?

Algo que también me ha llamado la atención, después de “navegar” por Amazon, es que veo una gran cantidad de libros enfocados a “des-aprender”, ¡el regreso a los básicos y al sentido común es lo de hoy!

Publicado por Jose Manuel Diez Cano

Quiero compartir mi experiencia en forma fácil, breve, con mucho gusto y entusiasmo. Este camino toma como idea central al ave fénix, el ave que renace de sus cenizas. Comunica renacimiento, reinvención, movimiento, ascenso y un nuevo comienzo. Incluye la idea de movimiento, de librar todos los impedimentos para comunicar: rompe el círculo que te circunscribe y llega más lejos.

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