
¡Nuestros actos hablan más que nuestras palabras!
Hablemos menos y hagamos más.
No digamos, hagamos.
Entendamos que nuestra visión de vida nos da rumbo y significado.
Somos lo que pensamos. Por ende, es lo que hacemos.
La diferenciación, se da estando presente, no diciendo. Cada cosa que hacemos debe estar en línea y armonía con nosotros, para poder acercarnos a nuestra meta final de vida. Tomamos mejores decisiones cuando entendemos por qué lo hacemos, no son el resultado de un impulso o un capricho.
La claridad de nuestras intenciones es en donde todo inicia, en donde nuestra historia hace sentido. Es lo que nos permite hacer frente al cambio, a situaciones inesperadas, lo que nos permite adaptarnos a entender que nuestra historia es más grande que lo que está
ocurriendo en este momento. Lo que nos permite seguir adelante. Lo que ayuda a dejar de ser reactivos y ser más visionarios, menos tácticos y más estratégicos.
En un mundo tan cambiante, debemos ser flexibles, innovadores y aceptar adaptarnos a nuestra realidad actual.
Tenemos que mejorar nuestra historia y propósito de vida, con todo lo que nos sucede.
Como dice el refrán: “Lo que no te mata, te hace más fuerte”.
Cada día que pase, será más claro, que lo que hacemos, no solamente nos diferencia, si no que es parte de quien somos.
¿COMO CONSTRUIMOS NUESTRA HISTORIA?
No es un hecho aislado. Es la suma de todo.
En lo que creemos y en lo que no creemos.
En lo que hacemos y lo que no hacemos.
En lo que sentimos y en lo que decimos no sentimos.
En lo que pensamos y en las historias que nos decimos.
El decidir a actuar en forma consistente con nuestros valores y principios o no hacerlo.
En sentirnos orgullosos de ser nosotros, o no.
Cada decisión que tomamos en congruencia con nuestros valores, creencias y principios.
Lo que priorizamos y lo que ignoramos.
En síntesis, ser consistentes con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, es uno de los grandes secretos para construir una ¡vida espléndida!
Lo dijo Mahatma Gandhi: “La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces, están en armonía”.
Resulta imposible, ser intencionado y deliberado si no podemos articular lo que es importante para nosotros.
Armado con esta narrativa y una identidad única, la tuya, encuentras dirección y significado en todos y cada uno de los días de tu vida.
Cuando tienes claridad en cuales son tus valores, la toma de decisiones se simplifica enormemente. Sabes que sí y que no.
No vivas en el “Hubieres o Debieres”, vive tu vida plenamente en armonía con tus principios y valores. Ello, te permitirá no solamente ser feliz, si no también disfrutar al máximo cada uno de los días del resto de tu vida.
Es posible que te escondas en explicaciones y excusas por algún tiempo, sin embargo, tus actos hablan y gritan más fuerte que tus palabras.
Somos mejores personas, a medida que tenemos mayor control sobre nuestro destino y sentimos y recibimos el apoyo de la comunidad a la que pertenecemos.
Nuestra intención fundamental, es contribuir y ayudar a un mundo mejor.
Si no comunicamos claramente nuestras intenciones, será muy difícil que la gente que nos rodea nos crea, entienda y siga y así podamos hacer una contribución genuina e importante.
VISION
Sin un propósito claro, no sabremos porque iniciamos este viaje. Pero sin visión, no sabremos hacia adonde vamos.
Ya lo dijo Stephen Covey, en su libro Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva: “Empezar con el fin en la cabeza significa encaminarnos con claridad hacia nuestro destino.” Significa saber hacia donde nos dirigimos, en donde estamos y que pasos tenemos que
seguir para llegar a nuestro destino.
Tú propósito es el por qué haces lo que haces todos los días. Tú visión es tu aspiración al futuro, la contribución que harás y como beneficiará al mundo que te rodea.
Sin esta claridad, podemos estar caminando en círculos que nos llevará a ninguna parte.
Necesitamos tener los pies en la tierra. Necesitamos nuestra historia y nuestra visión, para saber hacia adonde vamos.
¡Vamos!
