Reinventarse después de los 50: no empezar de cero, empezar desde la experiencia

Durante muchos años, la vida profesional suele avanzar en una dirección relativamente clara: estudiar, incorporarse al mundo laboral, crecer, asumir mayores responsabilidades y construir una trayectoria.

Con el paso del tiempo, esa trayectoria se convierte en mucho más que un currículum. Se convierte en experiencia.

Y cuando llegamos a una etapa en la que comienzan a cambiar nuestras prioridades, nuestras responsabilidades profesionales o la manera en que imaginamos los próximos años, aparece una posibilidad que puede resultar tan desafiante como estimulante: reinventarnos.

La palabra puede generar cierta inquietud porque muchas veces la asociamos con empezar nuevamente desde cero. Pero después de los 50 hay algo que cambia radicalmente esa ecuación: ya no partimos de cero. Partimos de todo lo que hemos aprendido.

La experiencia también es un punto de partida

Cuando una persona joven comienza un nuevo proyecto profesional, tiene por delante una gran capacidad de aprendizaje, pero todavía necesita construir buena parte de su experiencia.

Después de décadas de trayectoria ocurre algo diferente. Ya conocemos nuestras fortalezas. Hemos enfrentado problemas complejos. Hemos tomado decisiones acertadas y otras que nos dejaron aprendizajes importantes. Sabemos qué ambientes nos permiten desarrollarnos y cuáles no.

Hemos descubierto qué actividades nos entusiasman y cuáles dejaron de tener sentido. Hemos construido relaciones, conocimientos y perspectivas que no pueden adquirirse rápidamente.

Todo eso constituye un capital. Por eso, una reinvención después de los 50 puede apoyarse precisamente en aquello que hemos acumulado durante nuestra vida.

La pregunta cambia de: «¿Qué puedo empezar?» a: «¿Qué puedo construir a partir de todo lo que ya sé?»

Reinventarse también significa reinterpretar la experiencia

La experiencia tiene valor cuando podemos identificar aquello que aprendimos y encontrar nuevas maneras de aplicarlo.

  • Un ejecutivo con décadas de experiencia puede convertirse en mentor.
  • Un especialista puede convertirse en profesor o consultor.
  • Un empresario puede utilizar sus conocimientos para acompañar a nuevos emprendedores.
  • Un profesional puede descubrir que aquello que durante años hizo dentro de una organización puede convertirse en un proyecto independiente.
  • Incluso una afición que durante décadas permaneció en segundo plano puede adquirir un lugar central en esta etapa.

La reinvención no necesariamente exige aprender una profesión completamente distinta. En muchos casos comienza cuando miramos nuestras capacidades conocidas desde una perspectiva nueva.

De la trayectoria a las posibilidades

Durante la vida profesional, nuestra identidad puede quedar muy vinculada al cargo que ocupamos.

  • «Soy director.»
  • «Soy empresario.»
  • «Soy abogado.»
  • «Soy ingeniero.»
  • «Soy consultor.»

Esas definiciones pueden ser útiles mientras desempeñamos una función determinada. Pero llega un momento en que conviene ampliar la pregunta: ¿Quién soy más allá del cargo que desempeño?

La respuesta puede revelar mucho más de lo que imaginamos. Quizá detrás del puesto exista una persona que disfruta enseñar. Alguien con facilidad para desarrollar personas. Una capacidad especial para resolver problemas. Una pasión por crear. Una enorme curiosidad intelectual. Una vocación de servicio. Una experiencia que podría ser valiosa para otros.

Cuando dejamos de definirnos exclusivamente por nuestra posición profesional, aparecen nuevas posibilidades de identidad y de acción.

La libertad también cambia la forma de decidir

Otra diferencia importante de esta etapa es que las decisiones pueden comenzar a responder a criterios diferentes.

Durante décadas, muchas decisiones profesionales están condicionadas por responsabilidades económicas, crecimiento, estabilidad, reconocimiento o necesidades familiares.

Después de los 50, para muchas personas empiezan a cobrar mayor importancia otras preguntas:

  • ¿Qué quiero hacer con mi tiempo?
  • ¿Qué actividades me generan energía?
  • ¿Qué quiero aprender?
  • ¿Con quién quiero compartir esta etapa?
  • ¿Qué experiencias quiero vivir?
  • ¿Dónde puedo contribuir?
  • ¿Qué quiero dejar en otros?

Esto no significa que desaparezcan las responsabilidades económicas o familiares. Significa que pueden incorporarse nuevas variables a la ecuación. Y una de ellas puede ser el propósito.

Reinventarse requiere conocerse mejor

La reinvención puede ser emocionante, pero también requiere reflexión.

No toda oportunidad es una buena oportunidad. No todo aquello que podemos hacer es necesariamente aquello que queremos hacer.

Después de una larga trayectoria profesional, quizá una de las mayores ventajas sea precisamente tener más elementos para distinguir entre ambas cosas.

Conocernos implica reconocer nuestras capacidades, pero también nuestros límites. Identificar aquello que queremos conservar y aquello que queremos cambiar. Reconocer qué relaciones queremos fortalecer. Entender qué actividades nos producen satisfacción y cuáles consumen nuestra energía.

Y, sobre todo, definir qué significado queremos darle a esta nueva etapa.

Reinventarse empieza mucho antes de tomar una decisión profesional. Empieza con una conversación honesta con uno mismo.

No todo tiene que convertirse en trabajo

Existe además una idea que vale la pena cuestionar: que reinventarse necesariamente significa encontrar una nueva actividad profesional. No siempre es así.

La segunda etapa de la vida puede integrar dimensiones que durante los años de mayor intensidad laboral quedaron relegadas.

  • Aprender.
  • Viajar.
  • Crear.
  • Leer.
  • Enseñar.
  • Cuidar.
  • Participar.
  • Emprender.
  • Acompañar.
  • Servir.
  • Construir nuevas relaciones.
  • Recuperar intereses.
  • Dedicar tiempo a la familia.
  • Explorar una disciplina completamente nueva.

La reinvención puede ser profesional, pero también puede ser personal, intelectual, social o incluso espiritual. 

Por eso, diseñar esta etapa requiere una mirada integral.

El valor de empezar desde la experiencia

Hay algo profundamente poderoso en comenzar una nueva etapa sabiendo quiénes somos y conociendo mejor aquello que queremos.

La experiencia no elimina la incertidumbre, pero puede ayudarnos a enfrentarla de otra manera.

Nos permite reconocer patrones. Hacer mejores preguntas. Evaluar riesgos. Identificar oportunidades. Aprender con mayor intención.

Y, quizá lo más importante, distinguir entre aquello que queremos hacer para responder a las expectativas de otros y aquello que realmente tiene sentido para nosotros.

Después de los 50 todavía pueden existir muchos capítulos por escribir. Algunos serán completamente nuevos. Otros retomarán ideas que quedaron pendientes.

Algunos combinarán conocimientos de distintas etapas de nuestra vida. Y otros quizá nos sorprendan porque nunca habíamos imaginado que formarían parte de nuestra historia.

La experiencia no limita esas posibilidades. Puede ser precisamente la plataforma desde la cual comienzan.

La segunda etapa también puede ser una etapa de descubrimiento

Durante años construimos nuestra vida profesional mirando principalmente hacia adelante.

  • Metas.
  • Promociones.
  • Proyectos.
  • Resultados.
  • Crecimiento.

La segunda etapa puede invitarnos a incorporar otra mirada: observar lo recorrido para descubrir qué elementos de esa experiencia queremos llevar con nosotros hacia el futuro.

No para repetir la historia, para utilizarla como materia prima.

Porque quizá la pregunta más interesante no sea: «¿Qué haré cuando termine mi carrera profesional?» sino: «¿Qué puedo crear ahora con todo lo que la vida profesional me ha enseñado?»

La respuesta será diferente para cada persona. Y precisamente por eso merece ser diseñada.

Diseñar la reinvención

Reinventarse después de los 50 no significa competir con la persona que fuimos a los 30 o a los 40.

Significa reconocer quiénes somos hoy. Con nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, intereses, vínculos, valores, nuevas prioridades y desde ahí construir una etapa que tenga sentido.

Porque una trayectoria larga no tiene por qué representar el cierre de las posibilidades. Puede representar una base extraordinariamente rica para explorar otras.

La segunda etapa de la vida puede comenzar con una pregunta sencilla, pero poderosa:

¿Qué puedo hacer hoy con todo lo que ayer aprendí?

Diseña tu segunda etapa

La reinvención es una de las posibilidades que ofrece la Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida.

Diseñar esta etapa implica mirar de manera integral aspectos como el propósito, el tiempo, las relaciones, el bienestar, la experiencia, los intereses y las nuevas posibilidades de contribución.

Porque después de décadas de construir una trayectoria, todavía queda mucho por crear, aprender, compartir y vivir.

La invitación es comenzar a diseñarlo con intención.

Conoce más sobre Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida

Bibliografía consultada

● Arthur C. Brooks. From Strength to Strength.

● Laura Carstensen. A Long Bright Future.

● Richard J. Leider. The Power of Purpose.

● Marc Freedman. How to Live Forever: A Guide to Writing the Narrative of Your Life.

● Chip Conley. Learning to Love Midlife: 12 Reasons Life Gets Better with Age.

Publicado por Jose Manuel Diez Cano

Quiero compartir mi experiencia en forma fácil, breve, con mucho gusto y entusiasmo. Este camino toma como idea central al ave fénix, el ave que renace de sus cenizas. Comunica renacimiento, reinvención, movimiento, ascenso y un nuevo comienzo. Incluye la idea de movimiento, de librar todos los impedimentos para comunicar: rompe el círculo que te circunscribe y llega más lejos.

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