La segunda etapa no se improvisa: cómo empezar a diseñarla hoy

Hay decisiones que tomamos con años de anticipación.

Pensamos dónde queremos vivir, cuánto necesitamos ahorrar, qué carrera estudiar, qué empresa construir o qué posición profesional queremos alcanzar.

Sin embargo, existe una etapa de la vida que muchas personas comienzan a planear demasiado tarde: la que viene después de la vida profesional activa.

Con frecuencia esperamos a que llegue el retiro para preguntarnos qué haremos con nuestro tiempo, cómo queremos vivir, qué actividades nos darán sentido o de qué manera seguiremos relacionándonos con otras personas.

Para entonces, algunas decisiones importantes ya pueden haberse tomado por nosotros. Por eso, diseñar la segunda etapa de la vida requiere comenzar mucho antes. No existe una edad exacta para hacerlo. Pero sí existe un momento particularmente valioso: hoy.

La segunda etapa empieza antes del retiro

Pensar en la segunda etapa únicamente como aquello que ocurre después de dejar un puesto o una organización reduce enormemente su significado.

La transición comienza mucho antes. Empieza cuando nos preguntamos cómo queremos utilizar nuestro tiempo en los próximos años.

Cuando prestamos atención a nuestra salud. Cuando fortalecemos relaciones que queremos conservar. Cuando exploramos intereses que quizá habían quedado relegados. Cuando identificamos aquello que todavía queremos aprender. Cuando pensamos de qué manera queremos contribuir.

Y también cuando revisamos nuestras decisiones patrimoniales para asegurarnos de que sean congruentes con la vida que queremos construir.

Por eso, diseñar la segunda etapa no es una actividad que se realiza de una sola vez. Es un proceso.

Seis dimensiones para comenzar a diseñar

Una forma útil de iniciar este proceso consiste en observar diferentes dimensiones de nuestra vida y hacernos preguntas concretas.

1. El tiempo: ¿cómo quiero utilizarlo?

Durante la vida profesional, el tiempo suele estar organizado alrededor de responsabilidades.

  • Horarios.
  • Reuniones.
  • Viajes.
  • Proyectos.
  • Compromisos.

Cuando algunas de esas obligaciones desaparecen, podemos descubrir algo inesperado: tener más tiempo no significa necesariamente saber qué hacer con él.

Por eso hay que preguntarnos:

  • ¿Qué actividades quiero que ocupen un lugar importante en mi vida?
  • ¿Qué quiero hacer con el tiempo que antes estaba destinado al trabajo?
  • ¿Qué experiencias he postergado durante años?

El tiempo es uno de los recursos que más cambia cuando entramos en una nueva etapa. Y merece ser diseñado.

2. La salud: ¿qué necesito cuidar desde ahora?

La posibilidad de disfrutar el futuro está estrechamente relacionada con las condiciones en las que lleguemos a él.

Cuidar la salud no debería comenzar cuando aparece un problema. Forma parte de la preparación para los años que vienen.

Preguntas como estas pueden ser un buen punto de partida:

  • ¿Qué hábitos necesito fortalecer?
  • ¿Qué estoy haciendo actualmente para cuidar mi bienestar físico y emocional?
  • ¿Qué cambios puedo hacer hoy que tengan impacto dentro de diez o veinte años?

La salud es un patrimonio que se construye diariamente. Y muchas de sus decisiones más importantes ocurren mucho antes de necesitarlas.

3. Las relaciones: ¿con quién quiero compartir esta etapa?

La vida profesional puede ocupar tanto espacio que algunas relaciones terminan quedando en segundo plano.

La segunda etapa puede ser una oportunidad para recuperar tiempo y presencia. Pero las relaciones también necesitan atención.

Conviene preguntarnos:

  • ¿Qué personas son realmente importantes para mí?
  • ¿Qué relaciones quiero fortalecer?
  • ¿A quiénes quiero dedicar más tiempo?
  • ¿Qué nuevas relaciones quiero construir?

El bienestar futuro no depende únicamente de los recursos económicos disponibles. También depende de contar con vínculos significativos.

4. El propósito: ¿para qué quiero levantarme cada mañana?

Cuando una persona deja una posición profesional, puede desaparecer una estructura que durante años organizó buena parte de su identidad.

El trabajo proporcionaba objetivos, responsabilidades, reconocimiento, interacción y una razón para comenzar cada día.

Por eso es importante preguntarnos antes:

  • ¿Qué actividades me dan sentido?
  • ¿Qué me entusiasma aprender o desarrollar?
  • ¿Qué causas o proyectos me importan?
  • ¿Qué quiero seguir aportando?

El propósito no tiene que estar ligado exclusivamente a una profesión. Puede encontrarse en aprender, enseñar, crear, acompañar, cuidar, servir, emprender o contribuir a una comunidad.

5. La contribución: ¿qué quiero aportar con mi experiencia?

Después de décadas de trayectoria existe un patrimonio que no aparece en ningún estado financiero: lo que hemos aprendido.

Conocimientos, habilidades, criterio, contactos, experiencias y aprendizajes acumulados.

La segunda etapa puede abrir nuevas posibilidades para poner ese capital al servicio de otros.

  • Mentorear.
  • Enseñar.
  • Asesorar.
  • Emprender.
  • Acompañar.
  • Participar en proyectos.
  • Servir.

Las formas pueden ser muy distintas.

La pregunta es: ¿Dónde puede mi experiencia generar valor para alguien más?

6. El patrimonio: ¿qué necesito para sostener la vida que quiero?

Planear la segunda etapa también implica hablar de dinero. No como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para sostener las decisiones que queremos tomar.

Conviene preguntarnos:

  • ¿Qué nivel de vida quiero mantener?
  • ¿Qué gastos serán diferentes en esta etapa?
  • ¿Qué recursos necesito para vivir con tranquilidad?
  • ¿Cómo quiero organizar mi patrimonio?

La planeación financiera tiene mayor sentido cuando está vinculada a un proyecto de vida. Primero necesitamos saber qué vida queremos construir. Después podemos analizar qué recursos requiere.

Las preguntas correctas pueden cambiar las decisiones

Una de las razones por las que la segunda etapa puede resultar difícil es que durante años hemos respondido preguntas relacionadas principalmente con la vida profesional.

  • ¿Cuál es mi siguiente objetivo?
  • ¿Qué posición quiero alcanzar?
  • ¿Qué proyecto debo terminar?
  • ¿Qué resultado necesito conseguir?

Con el tiempo aparecen preguntas diferentes.

  • ¿Qué quiero conservar?
  • ¿Qué quiero aprender?
  • ¿Qué quiero experimentar?
  • ¿Qué relaciones quiero cuidar?
  • ¿Dónde quiero contribuir?
  • ¿Qué quiero dejar?
  • ¿Cómo quiero utilizar mi tiempo?

Estas preguntas no tienen respuestas universales. Precisamente por eso requieren reflexión personal.

Diseñar también significa tomar decisiones

Pensar en el futuro es importante. Pero diseñarlo implica algo más. Implica elegir.

  • Elegir qué queremos priorizar.
  • Qué queremos dejar de hacer.
  • Qué relaciones queremos cuidar.
  • Qué riesgos estamos dispuestos a asumir.
  • Qué proyectos queremos desarrollar.
  • Qué responsabilidades queremos conservar.
  • Qué nuevas experiencias queremos incorporar.
  • Y qué cosas ya no tienen un lugar en la vida que queremos construir.

No todas las decisiones tienen que ser definitivas. Algunas pueden probarse.

Podemos comenzar con un proyecto pequeño, dedicar unas horas a la semana a una actividad, retomar una relación, aprender algo nuevo o explorar una posibilidad profesional diferente.

La planeación puede avanzar mediante experimentos.

Empezar hoy no significa tener todas las respuestas

Una de las mayores dificultades para diseñar la segunda etapa es pensar que primero debemos conocer exactamente cómo queremos que sea. No es necesario. Podemos comenzar con preguntas. Después observar nuestras respuestas.

Probar alternativas. Aprender. Ajustar. Volver a decidir.

El diseño de esta etapa puede evolucionar con nosotros. Lo importante es evitar que las circunstancias terminen definiéndola completamente. Porque cuando comenzamos a pensar con anticipación, tenemos más posibilidades de elegir.

Una conversación que vale la pena tener

Quizá una de las mejores maneras de comenzar sea reservar un espacio para conversar con nosotros mismos y, cuando corresponda, con nuestra pareja, familia o personas cercanas, sobre el futuro.

No únicamente sobre cuánto dinero necesitaremos. También sobre:

  • cómo queremos vivir.
  • con quién queremos compartir.
  • qué queremos aprender.
  • qué queremos aportar.
  • qué queremos experimentar.
  • qué queremos cuidar.
  • y qué queremos que permanezca de nosotros en los demás.

Estas conversaciones pueden abrir posibilidades que permanecían ocultas detrás de la rutina profesional.

Diseñar hoy para vivir mejor mañana

La segunda etapa de la vida llegará, querámoslo o no. La diferencia está en cuánto de ella habremos decidido conscientemente.

Podemos esperar a que llegue para comenzar a resolver preguntas fundamentales. O podemos empezar a explorarlas desde ahora.

No necesitamos tener un plan perfecto. Necesitamos comenzar a construir una dirección.

Porque diseñar esta etapa no significa predecir el futuro. Significa prepararnos para tener más capacidad de elegir cuando el futuro llegue.

Y quizá esa sea una de las mejores inversiones que podemos hacer: dedicar tiempo hoy a pensar cómo queremos vivir los años que todavía tenemos por delante.

Diseñar la segunda etapa es una decisión de vida

La segunda etapa puede representar una oportunidad extraordinaria para integrar dimensiones que durante los años de mayor intensidad profesional quedaron separadas: tiempo, salud, relaciones, propósito, experiencia, contribución y patrimonio.

Por eso hablamos de Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida.

Porque construir esta etapa requiere mirar la vida como un todo.

No existe una fórmula idéntica para todos.

Existe, en cambio, la posibilidad de detenernos, hacernos mejores preguntas y comenzar a tomar decisiones coherentes con la vida que queremos vivir.

La segunda etapa llegará. La pregunta es cuánto queremos participar en su diseño.

Empieza hoy

No necesitas esperar a dejar tu puesto, cumplir determinada edad o llegar al retiro para comenzar.

Puedes empezar con una hoja en blanco y seis preguntas:

  • ¿Cómo quiero utilizar mi tiempo?
  • ¿Qué necesito hacer para cuidar mi salud?
  • ¿Con quién quiero compartir esta etapa?
  • ¿Qué propósito quiero seguir desarrollando?
  • ¿Dónde quiero poner mi experiencia al servicio de otros?
  • ¿Qué patrimonio necesito para sostener la vida que quiero?

Las respuestas pueden cambiar con el tiempo. Pero comenzar a buscarlas hoy puede cambiar la manera en que llegaremos a mañana.

Conoce Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida

En Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida proponemos precisamente un espacio para reflexionar y trabajar de manera integral en las dimensiones que darán forma a esta nueva etapa.

Porque después de tantos años dedicados a construir una carrera, también vale la pena dedicar tiempo a diseñar conscientemente la vida que queremos vivir después.

Conoce más sobre Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida

Bibliografía consultada

● Arthur C. Brooks. From Strength to Strength.

● Laura Carstensen. A Long Bright Future.

● Richard J. Leider. The Power of Purpose.

● Marc Freedman. How to Live Forever: A Guide to Writing the Narrative of Your Life.

● Chip Conley. Learning to Love Midlife: 12 Reasons Life Gets Better with Age.

● Viktor E. Frankl. El hombre en busca de sentido.

Publicado por Jose Manuel Diez Cano

Quiero compartir mi experiencia en forma fácil, breve, con mucho gusto y entusiasmo. Este camino toma como idea central al ave fénix, el ave que renace de sus cenizas. Comunica renacimiento, reinvención, movimiento, ascenso y un nuevo comienzo. Incluye la idea de movimiento, de librar todos los impedimentos para comunicar: rompe el círculo que te circunscribe y llega más lejos.

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