La libertad de elegir: recuperar la capacidad de decidir sobre nuestra vida

Durante décadas, buena parte de nuestra vida está estructurada alrededor de obligaciones profesionales.

  • Horarios.
  • Reuniones.
  • Proyectos.
  • Metas.
  • Responsabilidades.

Incluso cuando tenemos capacidad para tomar decisiones, existe una estructura que organiza nuestros días y determina, en buena medida, dónde ponemos nuestra atención y nuestra energía.

Por eso, cuando llega una transición profesional importante, puede aparecer una paradoja: después de tantos años buscando mayor libertad, cuando finalmente disponemos de ella, no siempre sabemos qué hacer con ella.

Tener más tiempo disponible no necesariamente significa saber cómo queremos vivirlo.

La libertad adquiere verdadero valor cuando podemos utilizarla de acuerdo con nuestras prioridades, nuestros intereses y aquello que queremos construir en esta etapa de la vida.

Cuando desaparece la estructura

El trabajo proporciona mucho más que ingresos. También organiza el tiempo, establece rutinas, genera relaciones, plantea retos y ofrece una estructura alrededor de la cual se construye buena parte de nuestra identidad cotidiana.

Cuando esa estructura cambia, aparecen espacios que antes estaban ocupados.

Al principio pueden sentirse como una recompensa. Después, algunas personas descubren que también pueden convertirse en una pregunta: ¿qué quiero hacer con todo este tiempo?

La pregunta parece sencilla, pero puede resultar profundamente significativa.

Durante años hemos tomado decisiones respondiendo a necesidades concretas: cumplir con una responsabilidad, atender un proyecto, resolver un problema, alcanzar una meta.

Ahora aparece la oportunidad de incorporar otro criterio: elegir porque algo es importante para nosotros.

Elegir requiere conocernos

La libertad amplía las posibilidades, pero también nos obliga a decidir.

  • ¿Dónde quiero vivir?
  • ¿Con quién quiero compartir mi tiempo?
  • ¿Qué actividades quiero recuperar?
  • ¿Qué experiencias quiero tener?
  • ¿Qué quiero aprender?
  • ¿En qué proyectos quiero participar?
  • ¿Dónde quiero seguir aportando mi experiencia?
  • ¿Qué quiero hacer simplemente porque disfruto hacerlo?

Estas preguntas adquieren especial relevancia cuando dejamos de organizar nuestra vida alrededor de una agenda profesional.

Porque una agenda que se libera necesita ser reemplazada por una agenda que tenga sentido. Y para construirla necesitamos reconocer qué valoramos hoy.

Es posible que algunas prioridades hayan cambiado.

Quizá aquello que parecía urgente a los 40 ya no lo sea a los 60. Quizá aparezcan intereses que durante años quedaron relegados. Quizá descubramos que queremos dedicar más tiempo a determinadas personas, actividades o proyectos.

La segunda etapa ofrece la posibilidad de revisar nuestras prioridades desde una perspectiva diferente.

De responder a decidir

Durante la vida profesional es frecuente que nuestros días estén determinados por acontecimientos externos.

  • Una reunión que aparece en la agenda.
  • Una solicitud de un cliente.
  • Una emergencia.
  • Un proyecto que necesita atención.
  • Un viaje.
  • Una fecha límite.
  • Una responsabilidad familiar.

Poco a poco podemos acostumbrarnos a vivir respondiendo.

La transición hacia una nueva etapa permite recuperar una capacidad que quizá había quedado en segundo plano: decidir deliberadamente qué merece nuestro tiempo.

Esto cambia la pregunta.

En lugar de comenzar el día pensando: ¿qué tengo que hacer? Podemos comenzar preguntándonos: ¿qué quiero que forme parte de mi vida?

La diferencia parece pequeña, pero puede transformar la manera en que organizamos nuestros días.

La libertad también implica responsabilidad

Elegir tiene una consecuencia importante: nos hace responsables de nuestras decisiones.

Cuando existe una estructura externa muy definida, resulta relativamente sencillo justificar por qué hacemos determinadas cosas.

Pero cuando tenemos mayor libertad, también tenemos mayor responsabilidad sobre la forma en que utilizamos nuestro tiempo.

  • Podemos elegir descansar.
  • Podemos elegir trabajar en un proyecto.
  • Podemos elegir estudiar.
  • Podemos elegir viajar.
  • Podemos elegir estar más presentes con nuestra familia.
  • Podemos elegir seguir contribuyendo profesionalmente.
  • Podemos elegir comenzar algo completamente nuevo.
  • Y también podemos descubrir que algunas elecciones tienen consecuencias que debemos considerar.

Por eso, diseñar la segunda etapa no significa eliminar todas las obligaciones. Significa revisar cuáles queremos conservar, cuáles podemos modificar y cuáles ya no corresponden a la vida que queremos construir.

El tiempo necesita dirección

Uno de los grandes cambios de esta etapa puede ser pasar de administrar el tiempo a diseñar su utilización.

Durante nuestra vida profesional aprendemos a administrar agendas.

La segunda etapa nos invita a preguntarnos qué merece estar dentro de ellas. Esta diferencia es importante.

Una agenda puede estar completamente llena y, aun así, no reflejar lo que realmente valoramos. También puede estar relativamente vacía y contener actividades profundamente significativas.

La cantidad de ocupaciones no determina la calidad de una vida.

La pregunta relevante es qué lugar ocupan en ella aquello que consideramos importante.

Por eso, disponer de mayor libertad puede convertirse en una oportunidad para revisar cómo queremos distribuir uno de nuestros patrimonios más importantes: nuestro tiempo.

Elegir también es abrir posibilidades

Cuando comenzamos a tomar decisiones desde nuestras prioridades actuales, pueden aparecer posibilidades que antes no veíamos.

Una experiencia profesional puede convertirse en mentoría. Una afición puede convertirse en un nuevo proyecto. Un conocimiento acumulado durante décadas puede ponerse al servicio de otros. Una relación que había quedado en pausa puede recuperar espacio. Un interés que parecía secundario puede convertirse en una nueva fuente de aprendizaje.

La segunda etapa no tiene por qué estar completamente definida desde el primer día. Puede construirse a través de decisiones conscientes, pequeñas pruebas y nuevas experiencias. Lo importante es comenzar a tomar parte activa en ese diseño.

Una pregunta para comenzar

Quizá una de las preguntas más importantes para esta etapa sea: Si durante los próximos años pudiera elegir con mayor libertad cómo quiero vivir, ¿qué elegiría?

No existe una respuesta universal.

  • Para algunas personas será dedicar más tiempo a su familia.
  • Para otras, viajar.
  • Para otras, emprender.
  • Aprender.
  • Enseñar.
  • Escribir.
  • Crear.
  • Acompañar.
  • Participar en proyectos sociales.
  • Seguir trabajando de una manera diferente.
  • O simplemente recuperar espacios personales que durante años quedaron relegados.

La respuesta tampoco tiene que ser definitiva. Lo importante es comenzar a formularla.

Porque la libertad de elegir puede convertirse en uno de los mayores activos de la segunda etapa cuando está acompañada de consciencia, criterio y dirección.

La segunda etapa también se diseña

Durante décadas hemos invertido tiempo, energía y experiencia en construir nuestra trayectoria profesional.

La siguiente etapa merece la misma intención.

No desde la presión de tener todo resuelto, sino desde la posibilidad de decidir qué queremos conservar, qué queremos explorar y qué queremos construir a partir de todo lo que hemos aprendido.

El retiro puede tener una fecha. La vida que comienza después necesita algo más.

  • Necesita preguntas.
  • Necesita decisiones.
  • Necesita prioridades.
  • Y, sobre todo, necesita un proyecto propio.

Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida

La segunda etapa de la vida puede ser una de las etapas con mayor capacidad de elección.

La pregunta es qué haremos con esa libertad.

Conoce más sobre Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida

Bibliografía consultada

  • Arthur C. Brooks. From Strength to Strength.
  • Laura Carstensen. A Long Bright Future.
  • Richard J. Leider. The Power of Purpose.
  • Marc Freedman. How to Live Forever: A Guide to Writing the Narrative of Your Life.
  • Chip Conley. Learning to Love Midlife: 12 Reasons Life Gets Better with Age.
  • Viktor E. Frankl. El hombre en busca de sentido.

Publicado por Jose Manuel Diez Cano

Quiero compartir mi experiencia en forma fácil, breve, con mucho gusto y entusiasmo. Este camino toma como idea central al ave fénix, el ave que renace de sus cenizas. Comunica renacimiento, reinvención, movimiento, ascenso y un nuevo comienzo. Incluye la idea de movimiento, de librar todos los impedimentos para comunicar: rompe el círculo que te circunscribe y llega más lejos.

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