
Durante buena parte de nuestra vida, aprender tiene un propósito muy concreto: prepararnos para asumir responsabilidades, mejorar nuestro desempeño y avanzar profesionalmente.
Estudiamos una carrera, nos especializamos, participamos en cursos y desarrollamos nuevas habilidades para responder a las exigencias de nuestro trabajo. El aprendizaje se convierte en una herramienta para alcanzar objetivos y mantenernos vigentes en un entorno que cambia constantemente.
Con los años, sin embargo, podemos descubrir otra forma de aprender. Una que nace de la curiosidad, del deseo de comprender mejor el mundo y de la satisfacción de explorar algo que siempre nos ha interesado.
La segunda etapa de la vida puede abrir espacio para recuperar esa manera de aprender, especialmente cuando las exigencias profesionales comienzan a ocupar un lugar distinto en nuestra agenda.
Y esa posibilidad merece formar parte del diseño de los años que vienen.
Aprender por interés propio
Pensemos en todas las cosas que alguna vez quisimos aprender y que fuimos dejando para después.
Un idioma. La historia de una civilización. La fotografía. La música. La filosofía. Una nueva tecnología. Un tema científico que siempre despertó nuestra curiosidad.
Quizá no encontramos el momento adecuado. Tal vez nuestras responsabilidades familiares y profesionales tuvieron prioridad. En ocasiones, simplemente pensamos que ya habría tiempo para hacerlo más adelante.
La segunda etapa permite revisar esas decisiones.
Aprender puede dejar de responder exclusivamente a una necesidad profesional y convertirse en una elección personal. Podemos estudiar algo porque nos interesa, porque nos plantea preguntas o porque disfrutamos el proceso de descubrir.
Esta libertad cambia nuestra relación con el conocimiento. Ya no necesitamos que cada aprendizaje se traduzca en una certificación, una promoción o un resultado económico para reconocer su valor.
La satisfacción también puede estar en comprender algo nuevo, desarrollar una habilidad o descubrir una perspectiva que modifica nuestra manera de ver las cosas.
La curiosidad mantiene abiertas nuevas posibilidades
La curiosidad nos impulsa a hacer preguntas, explorar ideas y acercarnos a experiencias distintas de las habituales.
Cuando dejamos de sentir que ya conocemos suficiente, recuperamos la disposición de escuchar, investigar y aprender de otras personas.
Esto tiene un valor especial en una etapa en la que contamos con una amplia experiencia acumulada. Los conocimientos que hemos desarrollado durante décadas pueden enriquecerse cuando entran en contacto con nuevas disciplinas, tecnologías y formas de pensar.
Alguien con una trayectoria empresarial puede interesarse por la historia del arte y descubrir nuevas formas de interpretar su entorno. Una persona que dedicó su carrera a la ingeniería puede comenzar a estudiar filosofía. Quien ha trabajado durante años en una misma industria puede encontrar interés en comprender los cambios tecnológicos que están transformando la sociedad.
Cada experiencia abre una posibilidad diferente.
La curiosidad también nos permite cuestionar algunas ideas que hemos dado por sentadas y reconocer que todavía tenemos mucho por descubrir.
El aprendizaje como parte del bienestar integral
Al diseñar la segunda etapa de la vida, solemos pensar en las finanzas, la salud, las relaciones personales y los proyectos que queremos desarrollar.
El aprendizaje merece ocupar un lugar en esa reflexión.
Mantener una vida intelectualmente activa puede enriquecer nuestra experiencia cotidiana, ampliar nuestras conversaciones y acercarnos a personas con intereses similares. También puede ayudarnos a desarrollar nuevas habilidades para participar en actividades que antes no formaban parte de nuestra vida.
Aprender un idioma puede despertar el interés por otras culturas. Estudiar una disciplina puede llevarnos a participar en una comunidad. Explorar una herramienta digital puede facilitarnos la comunicación o permitirnos desarrollar un proyecto personal.
El aprendizaje no garantiza por sí solo el bienestar, pero puede contribuir a una vida más estimulante, conectada y abierta a nuevas experiencias.
Por eso, vale la pena preguntarnos qué lugar queremos darle en los próximos años.
No hay una sola manera de seguir aprendiendo
A veces asociamos el aprendizaje con regresar a un salón de clases, inscribirnos en un programa formal o dedicar muchas horas al estudio.
Esas opciones pueden ser valiosas, pero existen otras posibilidades.
Podemos asistir a conferencias, participar en talleres, leer sobre temas desconocidos, aprender de personas con experiencias diferentes o desarrollar una habilidad mediante la práctica.
También podemos aprovechar la tecnología para acceder a cursos, conversaciones y materiales educativos que antes resultaban difíciles de encontrar.
Lo importante es identificar qué modalidad se adapta a nuestros intereses, circunstancias y ritmo de vida.
Algunas personas disfrutarán de un programa estructurado, con objetivos y evaluaciones. Otras preferirán explorar libremente, avanzar a su propio ritmo y elegir cada nuevo tema conforme aparezca su interés.
No existe una fórmula única. Cada persona puede construir una manera de aprender que tenga sentido para ella.
La experiencia también necesita renovarse
Después de décadas de trayectoria profesional, es natural que confiemos en los conocimientos y criterios que nos han ayudado a tomar decisiones.
Esa experiencia representa un patrimonio importante. Sin embargo, el mundo continúa cambiando y nuestras propias circunstancias también pueden hacerlo.
Mantener la disposición de aprender nos ayuda a revisar nuestras ideas, comprender nuevas realidades y encontrar otras maneras de aplicar lo que sabemos.
Además, aprender algo desde el principio puede recordarnos lo que significa enfrentarnos a una tarea desconocida: hacer preguntas, cometer errores, practicar y reconocer que el dominio requiere tiempo.
Esa experiencia puede ampliar nuestra perspectiva y fortalecer nuestra disposición para escuchar a quienes están recorriendo caminos distintos al nuestro.
La experiencia aporta profundidad al aprendizaje. La curiosidad le permite seguir creciendo.
¿Qué te gustaría aprender en esta etapa?
A veces, para comenzar a diseñar la segunda etapa, conviene formular una pregunta que no esté relacionada con el trabajo, los ingresos o las expectativas de otras personas: ¿qué me gustaría aprender si pudiera elegir únicamente por el placer de descubrir algo nuevo? La respuesta puede sorprendernos.
Quizá aparezca un interés que lleva años esperando. Tal vez descubramos una disciplina que nunca habíamos considerado o una habilidad que nos gustaría desarrollar con calma.
No necesitamos convertir cada interés en un gran proyecto. Podemos empezar con una lectura, una conversación, una clase o una experiencia breve.
Lo importante es abrir espacio para esa inquietud y permitir que evolucione. Porque una vida con experiencia también puede ser una vida llena de preguntas, descubrimientos y aprendizajes.
Diseñar una etapa que siga despertando interés
La segunda etapa de la vida ofrece la oportunidad de revisar qué queremos hacer con nuestros conocimientos, nuestras capacidades y nuestros intereses.
El aprendizaje puede ayudarnos a explorar nuevas posibilidades, enriquecer nuestra vida cotidiana y mantener una relación activa con el mundo que nos rodea.
Por eso, al pensar en los próximos años, vale la pena incluir una pregunta más en nuestro proyecto de vida: ¿qué quiero seguir descubriendo?
La respuesta no tiene que estar definida desde ahora. Puede cambiar conforme aprendemos y conocemos nuevas posibilidades.
Lo importante es mantener abierta la puerta a lo que todavía no sabemos.
Una nueva etapa también puede ser una oportunidad para descubrir intereses, desarrollar capacidades y aprender aquello que durante años quedó pendiente.
Diseñar integralmente esta etapa significa considerar las distintas dimensiones de nuestra vida y tomar decisiones conscientes sobre cómo queremos vivirla.
Te invitamos a conocer más sobre Diseño Integral de la Segunda Etapa de la Vida,
Bibliografía de referencia
- Brookfield, S. D. (1986). Understanding and Facilitating Adult Learning. Jossey-Bass.
- Conley, C. (2018). Wisdom at Work: The Making of a Modern Elder. Currency.
- Field, J. (2006). Lifelong Learning and the New Educational Order (2.ª ed.). Trentham Books.
- OECD. (2021). OECD Skills Outlook 2021: Learning for Life. OECD Publishing.
- Schuller, T., & Watson, D. (2009). Learning Through Life: Inquiry into the Future for Lifelong Learning. NIACE.
